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1 de febrero de 2018

Gloria in Excelsis Deo: Gloria a Dios


Gloria in Excelsis Deo: The Glory to God

 

 

En todas las liturgias solemnes, fuera de los tiempos de Adviento y Cuaresma, se canta el Gloria (Gloria a Dios en el cielo). Es uno de los antiguos himnos de la Iglesia católica. Aunque parte de su texto viene de las Escrituras, fue compuesto como una especie de “salmo suplementario” que los diccionarios de liturgia definen como “salmo idiótico”, no por lo que el nombre sugiere, sino porque no es parte de la Biblia; el término “idiota” significa “privado” o “propio”.

Hay varios ejemplos de este tipo de himnos: el Te Deum, himno de alabanza, y el Phos Hilaron (Oh luz gozosa), ambos incluidos en la Liturgia de las Horas. El Gloria no se reemplaza con otro canto de alabanza, más que nada, porque ha estado en uso durante muchos años, y realmente logra acentuar el tono de la celebración.

El nombre del himno Gloria a Dios

En el ámbito eclesial, nos referimos a este texto como “el Gloria”, “Gloria a Dios”, “Gloria a Dios en el cielo” y, en algunas tradiciones se conoce como “La Doxología Mayor”. Se le llama así por dos razones: Visto de esa manera, el Gloria a Dios es una doxología —del griego Δόξα (doxa), “alabanza”, y Λόγια (logia), “palabras”—; entonces, el Gloria a Dios es siempre laudatorio: “Te alabamos” (laudamus te). Se denomina “Mayor” para distinguirlo de la doxología menor: “Gloria al Padre” (Gloria Patri), la oración que normalmente se usa durante la oración personal, como el Rosario. 

Un poco de historia

No es ninguna sorpresa que el primer concepto de este himno se haya tomado de Lucas 2, 14, donde la narración del nacimiento de Jesús dice que una multitud de seres celestiales aparece con el ángel, entonando: “Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los [que ama el Señor]”. Quizá debamos detenernos un poco para pensar en el significado de Gloria in excelsis Deo (“Gloria a Dios en lo alto”), pues, aunque se cantaba en el nacimiento de Jesús, la alabanza se dirigía a Dios Padre.

Como himno apareció primero en la liturgia de Siria oriental; pero luego aparece de forma más completa en las Constituciones Apostólicas. Por eso, se cree que el himno data del siglo IV. Encontramos la primera versión completa en latín —la forma que conocemos hoy— en el Antifonario de Bangor, del año 690 aproximadamente. Las primeras formas de la Misa no incluían el Gloria, incluso en el siglo XI sólo se permitía su uso en ocasiones especiales como la Pascua o en las misas presididas por el obispo. Sin embargo, hacia fines de ese siglo, su uso ya estaba definido tal como lo conocemos ahora.

Comprender el contenido

El Gloria, como lo conocemos hoy, tiene tres secciones, cada una con su debida importancia. Hemos de conocer su contenido para apreciar su sitio en la liturgia.

La primera parte es la más conocida y comienza con la alabanza de los ángeles aquella noche de la Natividad:

"Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor".

"Glória in excélsis Deo
et in terra pax homínibus bonæ voluntátis."

En el mundo antiguo, era muy común tomar una línea de las Escrituras y usarla como vértice de una amplia doxología. Actualmente, esta práctica nos hace pensar en la Lectio Divina; tomamos un pasaje bíblico para interiorizar la oración y meditación. Como músico pastoral, esta práctica puede enriquecer mucho tu vida de oración.

La segunda parte del Gloria es la alabanza y gloria a Dios Padre (gloria dei). En sus inicios, esta sección incluía una forma explícita hacia la Trinidad, pero en su forma actual, la alabanza se dirige al Padre. Este desarrollo parece dejar fuera al Espíritu Santo, pues no lo menciona. Pero, Joseph Jungmann, uno de los grandes historiadores de la liturgia, escribió: “[Esto] se hace no tanto para mencionar a las tres personas divinas, sino para señalar con más claridad la estructura del orden de la salvación cristiana, en la cual nuestro ascenso hacia Dios se concede por Cristo en el Espíritu Santo” [traducción del editor], Mass of the Roman Rite (Misa del Rito Romano), vol. 1, p. 350.

Tenemos, entonces, esta amplia alabanza hacia el Padre:

“Por tu inmensa Gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso”.

“Laudámus te;
benedícimus te;
adorámus te;
glorificámus te;
grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam,
Dómine Deus, Rex caeléstis,
Deus Pater omnípotens.”

 

La fórmula de los tres verbos, alabar, bendecir, adorar, es muy común en latin; aunque pudiera parecer rara en inglés, en el español cotidiano resulta común. No es muy importante lo que digan los diccionarios, lo importante es que, unidos, estos tres verbos forman la definición de “glorificar”. Muchos arreglos actuales del Gloria enfatizan la fórmula de tres verbos con un patrón musical común en los arreglos musicales, pero también lo hace el clásico Gloria VIII, en canto llano. El concepto de bendecir al Señor (enedicamus domino) es interesante. Con frecuencia le pedimos a Dios sus bendiciones, pero en el Gloria, nosotros ofrecemos nuestras bendiciones a Dios en forma de alabanza.

Conviene detenerse un momento para pensar en los títulos que el Gloria da a Dios Padre: Señor, Dios celestial, Padre todopoderoso. Son títulos que indican poder y títulos que indican cuidado y atención por el bienestar. Los padres cuidan a su familia y, en teoría, los reyes y señores también cuidan el bienestar de sus pueblos. En las Crónicas de Narnia, CS Lewis, lo describe así: “Porque esto es lo que significa ser rey: ser el primero en un ataque desesperado, y el último en una retirada desesperada; y, cuando haya hambre en las tierras (tanto ahora como en los malos tiempos) se debe llevar buena ropa y, ante una comida precaria, se debe reír más fuerte que cualquier otro hombre de esas tierras”. Al mismo tiempo, esos tres títulos reflejan lo que afirmamos: que Dios tiene el poder más allá de este mundo.

Luego sigue una amplia sección sobre Jesús, la cual se divide en dos secciones de títulos sobre Jesús y, en la mitad, habla del papel de Jesús en nuestra salvación.

Estos son los primeros títulos:

"Señor, Hijo único, Jesucristo;
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre..."

"Dómine Fili unigénite, Jesu Christe,
Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris,..."

Jesús es Señor y Cristo, que significa “ungido” y, en latín, “único” es “unigénito”, lo cual nos protege contra la tentación de buscar otras encarnaciones de Dios. El término “Cordero de Dios” tiene una larga y colorida historia dentro de la liturgia. A los Papas de origen griego les gustaba mucho este título; pero los que tenían el latín en su origen, no simpatizaban con ese término. Al final, el término permaneció, ayudándonos a ver a Jesús en su acción sacrificial. Pero, lo interesante es que en esta corta lista el título de Hijo aparece dos veces. En todas las cosas relacionadas con la Trinidad, es importante recordar que cuando se habla de la Trinidad se habla de las relaciones. En la Trinidad, como en la vida, no hay padre sin que haya hijo.

En la sección que sigue, llegamos al papel de Jesús en la Misa y en nuestra salvación.

"...tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros"

"...qui tollis peccáta mundi, miserére nobis;
qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram.
Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis."

En la Eucaristía oramos al Padre, pero en la sección sobre Jesús, está claro que estamos dando gracias al Padre por el don de Jesús, en su papel de sacrificio que nos libera del pecado, y como poderoso intercesor sentado a la derecha del Padre.


Igual que en la primera sección, vemos otros títulos:

"porque sólo tú eres Santo, sólo tú, Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo…"

"Quóniam tu solus Sanctus, tu solus Dóminus, tu solus Altíssimus,
Jesu Christe..."

Jesucristo es el Santo, el Señor, el Altísimo. Jesús es el Santo de Israel, título que se usa 25 veces en el Antiguo Testamento, generalmente en términos mesiánicos. Su presencia en este texto deja claro que Jesús es el mesías. Es interesante que la palabra “Señor” está en ambas secciones, incluso si en la liturgia el término generalmente significa que la oración se dirige al Padre. La noción de que las personas de la Trinidad comparten la misma igualdad se manifiesta en el título “Altísimo”: Jesús es Dios, con el Padre y el Espíritu Santo.

Y luego llega el final:

"...con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios Padre. Amén."

"...cum Sancto Spíritu: in glória Dei Patris. Amen."

Y aquí mencionamos al Espíritu Santo y volvemos a la alabanza del Padre, uniendo todo en una hermosa alabanza Trinitaria. No es necesario hacer más interpretaciones del final del himno.

Su uso en la Misa

Por su longitud y por el sitio que ocupa en los ritos introductorios, podríamos decir que el Gloria es como un mueble de gran tamaño en la Misa; debe observarse con cuidado, pues puede matizar el tono de la celebración.

Estribillo o sin estribillo

Se ha hecho popular el Gloria como himno con estribillo. Resulta realmente poderoso hacer que la asamblea aprenda sólo la primera línea del himno y la repita varias veces. Mientras que esta opción puede ser más fácil para la asamblea, el himno se torna más largo: lo cual contribuye a la solemnidad del momento litúrgico. Al mismo tiempo, un arreglo que se interprete “de principio a fin” es propio para que la asamblea cante no sólo la alabanza al Padre, sino a Jesucristo y al Espíritu Santo. Este tipo de arreglos es más práctico durante el tiempo Ordinario.

¿Qué hay del latín?

En la sección sobre la historia me referí al texto en latín. Hay una buena razón para tener un arreglo en latín en su repertorio. OCP recomienda el Gloria VIII, pero el arreglo de la Missa de Angelis (Misa de Ángeles) también es hermoso. En estos casos, lo habitual, al menos en la Catedral de San Pedro en Roma, es que la gente cante sólo algunas partes, alternando con el coro.

¿Cuántos arreglos debemos tener?

Puesto que el Gloria es una gran pieza, limitar el número de arreglos que la asamblea debe aprender es una decisión pastoral. Traten de que el Gloria se mantenga constante, incluso si algunos grupos musicales de la parroquia usan diversos arreglos de aclamaciones y de plegarias eucarísticas. Si deseamos que el pueblo cante, no podemos lanzarles “un latigazo” cada vez que atienden una celebración diferente. En el curso del año litúrgico, quizás nuestra meta sea tener tres arreglos del Gloria en el repertorio.

¿Qué tal si se recita?

Recitar un himno o canto es algo raro. Por ejemplo, traten de recitar la canción de “Feliz Cumpleaños” o “Las Mañanitas: sería bastante raro. Entonces, conviene encontrar un arreglo muy sencillo del Gloria que se pueda cantar sin acompañamiento musical. Recuerden que el recién publicado Misal Romano, aprobado para los Estados Unidos, nos brinda el Gloria musicalizado, el cual es una adaptación del Gloria en canto llano del Missale Romanum. Sugerimos el popular Gloria de la “Misa San José”. Si sus asambleas desean más variedad, examinen Flor y Canto, tercera edicióny los arreglos de las misas recién publicadas por OCP.

Pues, les ofrezco estas palabras sobre el himno Gloria a Dios. Espero les ayuden a apreciar este momento muy particular de la liturgia, cuando lo único que se espera de los fieles católicos es ponerse de pie y elevar nuestras alabanzas a Dios.

Glenn CJ Byer
Glenn CJ Byer

Glenn CJ Byer es autor de artículos y libros con temas litúrgicos y sobre el significado de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, preparación del Matrimonio, la renovación de iglesias y la unción de los enfermos. Es conferencista sobre el papel que desempeñan los ministros laicos en la Misa.

 

Esta serie de entradas de blog pretende ofrecer una mirada más profunda a varias de las partes que se suelen cantar durante la Misa, así como su origen, historia, uso actual, etc. Descubra más de esta serie: 

 

Para una lista completa de los arreglos musicales para la Misa en español y bilingües que ofrece OCP, lo invitamos a ver nuestra página arreglos para la Misa AQUÍ.