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1 de febrero de 2018

Aclamación Antes del Evangelio: Aleluya


The Gospel Acclamation – Alleluia

 

La aclamación que precede a la lectura del Evangelio tiene una historia diversa. Debe tomarse en cuenta lo siguiente:

  1. Primero, el Evangelio, como ‘ipissima verba”, es decir, las mismísimas palabras de Cristo, debe destacarse sobre las otras lecturas.
  2. Segundo, requiere que la asamblea ponga atención; entonces, de algún modo, es importante hacer un llamado al silencio.
  3. Luego, fuera del Tiempo de Cuaresma, transmite el gozo de recibir al Señor resucitado en la Palabra del Evangelio, pues, cuando las Escrituras se leen en la Iglesia y, especialmente, el Evangelio, “Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio” (Institución General del Misal Romano, tercera edición, IGMR, n. 29).
  4. Finalmente, aunque no es siempre el caso, puede llevarse el Evangeliario en procesión desde el altar, donde fue colocado, durante los ritos iniciales, hacia el ambón, desde donde el diácono o, en su ausencia, el sacerdote celebrante, proclama el Evangelio, dando vida a las palabras.

Esta aclamación ha cambiado con el paso del tiempo

Ciertamente, desde el período en que se publicó el Misal Romano, después del Concilio de Trento, el número de lecturas para la Misa dominical se había reducido a dos, como en las celebraciones diarias. A pesar de eso, había vestigios de un salmo, “el Gradual”, llamado así porque se cantaba desde las gradas (el escalón que está antes del ambón), y luego un versículo del Aleluya. Esta yuxtaposición era incómoda, pues, era posible que no hubiera relación entre ambos, pero la Aclamación antes del Evangelio estaba presente. Durante la Cuaresma (se consideraba diferente en otros casos), el Aleluya era un versículo llamado tracto.

Renè-Jean Hesbert, en su Antiphonale Missarum Sextuplex (colección de antífonas aún muy importante), sugiere que los versículos de la antífona que se usan con el Aleluya en la Aclamación antes del Evangelio podían elegirse con libertad. Pero, eso no significa que la aclamación careciera de importancia. Esta aclamación se consideraba un momento de libertad en la Misa, donde se podían agregar tropos (versos) según se deseara, y donde el canto polifónico entró en la celebración por primera vez, especialmente en la maravillosa “a” al final del Aleluya (la última sílaba se adornaba con una prolongación llamada “jubilus”).

El Aleluya y su versículo llevó a complicaciones, y cuando los puristas sugirieron que debía haber sólo una nota por cada sílaba en los versos, poemas, se desarrolló lo que ahora conocemos como Secuencia. Esto eventualmente se transformó en himnos con métrica y comenzó a dominar este momento de la liturgia. Joseph Jungmann, en su Misa del Rito Romano menciona que se recopilaron más de 5,000 secuencias de varios Misales. Con la reforma del Concilio de Trento, sólo 4 (!) se conservaron: la de Pascua, Pentecostés, el Sagrado Cuerpo y Sangre de Cristo, y la de Nuestra Señora de los Dolores. Estas 4 permanecieron después de la reforma de 1968, y se cantan antes del Aleluya.

La regla actual sobre la Aclamación antes del Evangelio

Hablando de la reforma, ¿cuáles son las reglas que rigen la Aclamación antes del Evangelio hoy? Es interesante que la Introducción al Leccionario se refiere a la Introducción General Misal Romano (n.63), en la que la Aclamación que precede al Evangelio es un rito en sí mismo. Es la celebración de la llegada de Jesucristo entre nosotros por medio de su palabra, proclamada por el Diácono o el Sacerdote. La instrucción del rito va más allá y dice que la aclamación es una declaración de credo, una declaración de fe en Jesús.

Los versículos se deben elegir del Leccionario, ya sea el prescrito del día o de la temporada o alguno similar tomado del Gradual Romano. Si la Aclamación no se canta, se puede omitir, al menos en los casos en que sólo se proclama una lectura antes del Evangelio. Pero, en los domingos o días de obligación, siempre se canta.

Cómo elegir el arreglo musical adecuado

Pastoralmente hablando, es buena idea tener un pequeño grupo de arreglos musicales de la Aclamación antes del Evangelio, quizá uno para cada tiempo litúrgico. Por ejemplo, para Navidad y Pascua, yo prefiero un arreglo fuerte, un tono que evoque el tañer vivaz de las campanas; pero, en Adviento y el Tiempo Ordinario, me gusta una forma simple que mantenga la noción de Aclamación, como declaración de fe. Pero, si se hace una verdadera procesión del Evangelio en este momento de la liturgia, asegúrense de que el Diácono o el Sacerdote no camine en silencio. Pues, ese no sería el modo en que la liturgia se desenvuelve.

Pues aquí tienen unas palabras de la Aclamación antes del Evangelio, esta fascinante parte de la Misa, con una historia llena de riqueza y colorido.

 

Glenn CJ Byer
Glenn CJ Byer

Glenn CJ Byer es autor de artículos y libros con temas litúrgicos y sobre el significado de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, preparación del Matrimonio, la renovación de iglesias y la unción de los enfermos. Es conferencista sobre el papel que desempeñan los ministros laicos en la Misa.

Esta serie de entradas de blog pretende ofrecer una mirada más profunda a varias de las partes que se suelen cantar durante la Misa, así como su origen, historia, uso actual, etc. Descubra más de esta serie: 

 

Para una lista completa de los arreglos musicales para la Misa en español y bilingües que ofrece OCP, lo invitamos a ver nuestra página arreglos para la Misa AQUÍ.